Virtualidad endogámica - (La) (Lo) cura por las turas

 


Palabras clave: literatura, virtualidad, socialización, psicoanálisis, cultura, redes sociales.


Sí, pero quién nos curará del fuego sordo […] 

 

Del sí al no, ¿cuántos quizá?

 

Rayuela (1)


    Que la interacción virtual sea la única vía que encuentra una persona para establecer su lazo social con otra es origen de un gran malestar actual.
Con variadas excepciones, el uso de aplicaciones digitales y redes sociales posibilita que las personas usuarias construyan una “mejor versión de su perfil” para establecer su vínculo con “el mundo exterior”. Ernesto Sabato escribió al respecto que
a medida que nos relacionamos de manera abstracta más nos alejamos del corazón de las cosas y una indiferencia metafísica se adueña de nosotros, mientras toman poder entidades sin sangre ni nombres propios. Trágicamente, el hombre está perdiendo el diálogo con los demás y el reconocimiento del mundo que lo rodea, siendo que es allí donde se dan el encuentro, la posibilidad del amor, los gestos supremos de la vida (2).
En ese mundo de posibilidad que nos rodea encontramos transiciones exogámicas, trámites de angustia y rituales de pasaje que muchas veces suelen significarse de otra forma cuando se hacen públicas en una pantalla digital, incapaz de conectarse con el registro subjetivo porque el rasgo humano no se encuentra en el sonido de la “nueva notificación”, leyendo los símbolos o escuchando el contenido del mensaje. Si la pictografía de lo esencialmente humano se virtualiza hasta desvanecer las marcas singulares que distinguen a una persona de otra, glorificando una imagen del Yo, la herramienta que seguirá produciendo la tecnología no será otra cosa que “la ventana por la que los hombres sentirán la vida. Así de indiferente e intocable (3).
Aunque conectarse a la red implique someterse a ciertas condiciones de uso, cada persona “usuaria” finalmente decide cómo establecer esa conexión con el otro lado de la pantalla.
Cuando la palabra no alcanza para expresar lo que sentimos o lo que piensa la razón cuando imagina, se opta por facilidad, inmediatez, automatización o no sé, por buscar una posibilidad de comunicación distinta a la del encuentro y el diálogo humanizado: esa intersección donde se encuentran las diferencias frente a un ser semejante. 
Si continúa el distanciamiento social el lazo quedará virtualmente congelado, y aunque haya quien diga que “así la humanidad camina”, podría ser cierto, ¿pero hacia dónde?
Si el escenario virtual no plantea el encuentro con un ser humano lo hará con un ente virtual “a nuestra imagen y semejanza”, tanto es así que a medida que se acerca se desvanecen las diferencias... “¿Eres un robot?”, preguntan del otro lado, y realmente hay que validar la respuesta frente a la máquina.
    En 1890 Freud escribió que
las palabras son, sin duda, los principales mediadores del influjo que un hombre pretende ejercer sobre los otros; las palabras son buenos medios para provocar alteraciones anímicas en aquel a quien van dirigidas y por eso ya no suena enigmático aseverar que el ensalmo de la palabra puede eliminar fenómenos patológicos, tanto más aquellos que, a su vez, tienen su raíz en estados anímicos” (4),
hoy, los servidores albergan palabras que tanto aliviaron o angustiaron a tantos y a tantas, ¿qué de eso queda en la memoria humana que interactúo registrándolas? Mensajes de odio, poesía, el copy paste de un “estado”… En alguna parte está el archivo. 
    Aunque no las conozca a todas, no lo necesito hacer para pensar que hay personas que no tienen o están por perder el diálogo y el encuentro humano como valores esenciales en su vida (lo que significa sentirse en la vida). Entonces cabe preguntarse por lo que conservan a trueque de “no molestar a nadie para que nadie les moleste”, de qué se privan “a favor de su propio beneficio”, y entrar así a un terreno que tantas variables sabemos posee. 
Para averiguar cómo socializar usando únicamente plataformas virtuales es motivo de malestar, creo preciso entender por virtualidad endogámica aquella que comprende dos rasgos fundamentales que Freud planteó respecto del narcisismo, los cuales son: “el delirio de grandeza y el extrañamiento de su interés respecto del mundo exterior (personas y cosas)”, agregando que quienes esbozan estos rasgos
han sustituido los objetos reales por objetos imaginarios de su recuerdo o los han mezclado con estos, por un lado; y por el otro han renunciado a emprender las acciones motrices que les permitirán conseguir sus fines en esos objetos (5).
Una década después, en La pérdida de realidad en las neurosis y la psicosis, escribe que la distinción entre neurosis y psicosis no debe ser tan severa pues 
tampoco en la neurosis faltan intentos de sustituir la realidad indeseada por otra más acorde al deseo. La posibilidad de ello la da la existencia de un mundo de la fantasía, un ámbito que en su momento fue segregado del mundo exterior real por la instauración del principio de realidad” (6).
Virtualidad endogámica: lugar donde los rasgos que encauzan y conforman el ser no son claros ni precisos o apercibidos por la persona, reduciéndose así la posibilidad de simbolizar algo de sí y aún más crítico, la de distinguir los objetos creados en el interior de los creados por el mundo exterior. Si el principio de realidad no prima sobre el yo en el caso que nos atañe, podemos pensar que la persona usuaria se desvanece en esa virtualidad endogámica y le resulta indiferente lo que pueda haber tras un número de seguidores o la notificación “personalizada”, le parecerá indistinto lo que sucede de este o aquel lado de la pantalla.
Parafraseando a Freud, para que se dé la separación entre un yo puramente hedónico, un yo placiente, de un no-yo, es necesario que frente al objeto del mundo exterior se produzca un proceso exogámico, un ritual de pasaje que “lo dan las frecuentes, múltiples e inevitables sensaciones de dolor y displacer que el aún omnipotente principio de placer induce a abolir y a evitar” (7).
Atravesar entonces los llamados “males necesarios o inexplicables” dará alguna consistencia a los límites del yo con su exterior, sobre todo porque “la separación de la libido en una que es propia del yo y una endosada a los objetos es la insoslayable prolongación de un primer supuesto que dividió pulsiones sexuales y pulsiones yoicas” (8)Pulsiones que la virtualidad endogámica promete satisfacer.
El peligro real para la humanidad no lo constituyen las sensaciones displacenteras por sí mismas sino negar su naturaleza de ser situaciones inevitables y naturales, inherentes a la vida. ¿Qué decir de los desastres? Con tal de no hablar de ello la virtualidad endogámica propone conexiones que bordean esos encuentros con el exterior donde nacen las frecuentes, múltiples e inevitables sensaciones de dolor y displacer. ¿Existiríamos sin esas posibilidades de encuentro? ¿Qué hacen quienes no desean atravesar el peligro de perder el objeto amado? Si se quieren trazar respuestas hay que dilucidar los efectos de aquella primera negación. Hay situaciones innegables.
    En la lectura de Introducción del narcisismo Freud dice que en el interior del yo hemos erigido un ideal por el cual medimos nuestro yo actual, y que lo que el yo “proyecta frente a sí como un ideal es el sustituto del narcisismo perdido de su infancia, en la que él fue su propio ideal” (9).
Este “sustituto” sortea sus rasgos en patologías cuando no media distinción alguna entre el yo actual y el ideal del yo habitante de la red social, es decir, el sustituto del narcisismo perdido de su infancia: “la circunstancia de que el yo, al defenderse contra ciertos estímulos displacientes emanados de su interior, aplique los mismos métodos que le sirven contra el displacer de origen externo, habrá de convertirse en origen de importantes trastornos patológicos” (10).
Lo crítico en este punto es que al obturarse la reedición del ideal del yo por vía simbólica en tanto que exogámica, esta forma de enfrascarse en el yo le impide a la persona reconocer que “la investidura libidinal de los objetos no eleva el sentimiento de sí” (11)y como el que ama sacrifica un fragmento de su narcisismo y sólo puede restituirlo a trueque de ser amado, en la virtualidad endogámica la persona concentra en un mismo objeto el fragmento perdido de su narcisismo y la idealización psíquica de su yo, ¿y si llega a perder este objeto?
La magnitud de su pérdida se observa cuando la persona vive conectada a la pantalla entendiendo que no media separación alguna con ese “ideal del yo virtualizado”, ignorando que su ser está enclaustrado entre datos y píxeles que virtual (¿y realmente?) se pueden suprimir. 
Consideremos que en Inhibición, síntoma y angustia, Freud plantea que 
al despersonalizarse la instancia parental, de la cual se temía la castración, el peligro se vuelve más indeterminado. La angustia de castración se desarrolla como angustia de la conciencia moral, como angustia social. Ahora ya no es tan fácil indicar qué teme la angustia (12).
Agrega que la angustia frente al superyó y de la conciencia moral adquieren un carácter necesario en el lazo social, sin embargo, como en la virtualidad endogámica se desvanecen tales factores, la inminente pérdida del objeto “pasa a ser la fuente de graves conflictos y peligros” (13). Así las cosas, la pregunta pasa a ser ¿cuál es la experiencia de atravesar estos peligros? Pretender bordear todo “malestar” que resulte de un encuentro social puede ser más bien la raíz para omitir en adelante todo contacto humano. La indiferencia.
    La reflexión pretende ir más allá de averiguar cómo derrocar el “imperio” de este sistema cibernético, busca ponerlo en cuestión y desfragmentar su lógica para atribuir responsabilidades de su uso en la virtualidad. Los espacios que permiten el encuentro humano donde los equívocos son parte de, y no un error que se borra en cualquier momento no están en la pantalla que virtualiza la singularidad, donde se asfixia la persona dentro de un perfil que promete inmunidad frente al “mal” de afuera; en su uso, la conectividad virtual disuade de la división subjetiva “protegiéndola” de las vicisitudes externas a la red de contactos. 

¿Quién elige?

Hay quien sin saber opera la máquina que uniforma la sociedad (Quien ignora); habrá quien lo sepa y seguirá haciéndolo, presa del destino que le inventaron (Quien sabe); hubo Cortázar y eligió no entregarse a la “Gran Costumbre” (Quien sabe que ignora):
Cuántas veces me pregunto si esto no es más que escritura, en un tiempo en que corremos al engaño entre ecuaciones infalibles y máquinas de conformismos. Pero preguntarse si sabremos encontrar el otro lado de la costumbre o si más vale dejarse llevar por su alegre cibernética, ¿no será otra vez literatura? […] El solo hecho de interrogarse sobre la posible elección vicia y enturbia lo elegible. Que sí, que no, que en ésta está […] nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo” (14), 
porque los incurables, los perfectamente incurables del asedio de un fuego sin color que se viste de virtualidad endogámica nos “inventamos nuestro incendio, ardemos de dentro afuera, quizá eso sea la elección” (15).
Julio no sabría que sus palabras convergirían en este ensayo con las de Sylvie Le Poulichet (16para construir nuevos modos defensivos que no obturan los caminos del deseo, por el hecho de que el objeto-tura (engendrado subjetivamente) 
puede mantenerse en movimiento en la hiancia abierta por la cuestión, y el esbozo de respuesta que constituye provisoriamente no podría encerrarse en un saber ni en una obturación de la cuestión del deseo, como ocurre a través del objeto fóbico y, de manera diferente, del objeto fetiche” (17).
Entonces, frente a este malestar en la cultura leído bajo un marco de relaciones virtuales encontramos en esta una propuesta acorde con la realidad humana: la cura por las turas, la cura en palabras que se intercambian en el lazo social humanizado, la cura por la apuesta exogámica que se sirve del arte para demarcar un distanciamiento subjetivo frente a la voracidad endogámica de la virtualidad.
La “locura” convive con la fantasía para inventar realidades a falta de la que le satisfaga, esa es la vía para la cura de la cultura y que cada quien conlleve su responsabilidad al recrearla. No es cierto que sea tan amplia la diferencia entre neurosis y psicosis, en algún punto del vivir  deseamos cambiar la realidad porque (el asunto es cómo)
el nuevo mundo exterior, fantástico de la psicosis, quiere remplazar a la realidad exterior; en cambio, el de la neurosis gusta de apuntalarse, como el juego de los niños, en un fragmento de la realidad –diverso de aquel contra el cual fue preciso defenderse–, le presta un significado particular y un sentido secreto, que, de manera no siempre del todo acertada, llamamos simbólico. Así, para ambas —neurosis y psicosis—, no sólo cuenta el problema de la pérdida de realidad, sino el de un sustituto de realidad (18),
por esta razón, en el pasaje de lo imaginario hacia lo simbólico podemos inventar una realidad de mundo como lo hizo aquel personaje napolitano de Cortázar (Morelli) cuando vio el tornillo en el suelo (¿el mismo que le hace falta?). Puede que ese sea el sendero hacia otro estado del ser donde “ardemos en nuestra obra, fabuloso honor mortal, alto desafío del fénix” (19).
Al saltar dando ese paso en un abrir y cerrar de ojos entre tantos quizá y malestares insoslayables, es preciso comprender de una vez y para siempre que nadie nos curará del fuego sordo ni de los malestares necesarios, de la verdad subjetiva y enigmática que conserva el inconsciente tejiendo el deseo, el placer y el displacer que nos visita y viste desde adentro.

Ninguna virtualidad saciará la fuente donde arde el fuego que inventamos.  



Referencias

  1. Julio Cortázar (1963), (Edición a la que se alude en el ensayo: 2016, Penguin Random House Grupo Editorial, p. 502-503).
  2. La Resistencia (2000), (Ed.: 2016, Editorial Planeta Mexicana, p. 14).
  3. Ibíd., p. 18.
  4. En Tratamiento psíquico (tratamiento del alma), (Ed.: 1992, Obras Completas Tomo I, Amorrortu Editores, p. 123-124).
  5. Introducción del narcisismo (1914), (Ed.: 1992, Obras Completas Tomo XIV, Amorrortu Editores, p. 72).
  6. Escrito en el año 1924, (Ed.: 1992, Obras Completas Tomo XIX, Amorrortu Editores, p. 196-197).
  7. El malestar en la cultura (1930), (Ed.: 2015, Alianza Editorial, p. 61).
  8. Introducción del narcisismo (1914), (Ed.: 1992, Obras Completas Tomo XIV, Amorrortu Editores, p. 72).
  9. Ibíd., p. 90-21.
  10. El malestar en la cultura (1930), (Ed.: 2015, Alianza Editorial, p. 62).
  11. Introducción del narcisismo (1914), (Ed.: 1992, Obras Completas Tomo XIV, Amorrortu Editores, p. 95).
  12. Escrito en el año 1926, (Ed.: 1992, Obras Completas Tomo XX, Amorrortu Editores, p. 132).
  13. Ibíd., p. 138.
  14. Rayuela (1963), p. 502-503.
  15. Ibíd., p. 504.
  16. El arte de vivir en peligro Del desamparo a la creación (1998), (Ed.: Ediciones Nueva Visión, p. 11). 
  17. Ibíd., p. 13.
  18. La pérdida de la realidad en las neurosis y la psicosis, 1924, (Ed.: 1992, Obras Completas Tomo XIX, Amorrortu Editores, p. 197).
  19. Rayuela (1963), p. 504. 




Bibliografía
  • Cortázar, Julio. (2016), Rayuela (1963). Penguin Random House Grupo Editorial: Barcelona.
  • Le Poulichet, Sylvie. (1998), El arte de vivir en peligro Del desamparo a la creación. Ediciones Nueva Visión: Buenos Aires.
  • Sabato, Ernesto. (2016), La resistencia (2000). Editorial Planeta Mexicana: Cd. De México.
  • Sigmund, Freud. (1992), Obras Completas Tomo I, Tratamiento psíquico (tratamiento del alma) (1890). Amorrortu Editores: Buenos Aires.
  • Sigmund, Freud. (1992), Obras Completas Tomo XIV, Introducción del narcisismo (1914). Amorrortu Editores: Buenos Aires.
  • Sigmund, Freud. (1992), Obras Completas Tomo XIX, La pérdida de realidad en las neurosis y la psicosis (1924). Amorrortu Editores: Buenos Aires.
  • Sigmund, Freud. (1992), Obras Completas Tomo XX, Inhibición, síntoma y angustia (1926). Amorrortu Editores: Buenos Aires. 
  • Sigmund, Freud. (2015), El malestar en la cultura (1930). Alianza Editorial: Madrid. 







Sugerencia para citar el ensayo:

Chavarría, Stanley. (2021). En Bitacoriazar-Ensayos: Virtualidad endogámica - (La) (Lo) cura por las turas. San José (Costa Rica). Recuperado de: [https://bitacoriazar.blogspot.com/2021/08/Virtualidad endogamica - La - Lo - cura por las turas.html] el .




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